Una forma de lograr la inmersión en la
cultura científica es transformar las clases de ciencias en lo que Ann Brown ha
llamado comunidades
de aprendizaje. En las comunidades de aprendizaje la responsabilidad de aprender se
comparte entre profesorado y alumnado y, un aspecto importante, el trabajo del
aula gira en torno a la resolución de problemas, sobre todo de los llamados
problemas auténticos. Es decir, el
propio diseño de las clases se corresponde con lo que es la esencia del trabajo
científico: resolver problemas de los que no se conoce la solución. En este
contexto se entiende por actividades o problemas auténticos los que están
enmarcados en la cultura científica, por oposición a problemas escolares
estereotipados que tienen poca relación con ella. Algunas características de
los problemas auténticos son:
Contexto
Están contextualizadas en la vida real, en
situaciones familiares (lo que no significa necesariamente domésticas, pudiendo
ser de otros países conocidas por los medios de comunicación o la red), mejor
que en un contexto abstracto. Lo importante es que resulten relevantes para el
alumnado, que perciba su utilidad para la vida. Las actividades auténticas no
tienen por qué ser verdaderas, aunque en algunos casos se trata de problemas
reales.
Apertura
Son, preferiblemente, problemas abiertos,
mal estructurados, como muchos problemas en la vida real, y el proceso de
resolución tiene tanta importancia como la solución final. Al ser abiertos
generan una variedad de respuestas posibles aún cuando, como ocurre con muchos
problemas de ciencias, tengan una sola. La apertura puede ser entendida como
variedad de soluciones o productos finales, lo que genera debate entre los
estudiantes, favoreciendo la justificación de cada opción, o como diferentes
procesos o caminos seguidos para su resolución.
Proceso de resolución
La realidad
proporciona continuamente ejemplos que permiten poner en juego en el aula los
conocimientos y destrezas que forman parte de la cultura científica. Partiendo
de problemas relevantes, que despierten el interés de los estudiantes, es posible activar en el aula comunidades
de aprendizaje, verdaderas comunidades de pensamiento. Es un camino hacia una ciudadanía más
culta, que pueda tomar decisiones informadas, que tenga la capacidad de
criticar las que no se apoyan en criterios científicos







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