sábado, 13 de julio de 2013

La transformación de las clases de Ciencias en Comunidades de Aprendizaje

Una forma de lograr la inmersión en la cultura científica es transformar las clases de ciencias en lo que Ann Brown ha llamado comunidades de aprendizaje. En las comunidades de aprendizaje la responsabilidad de aprender se comparte entre profesorado y alumnado y, un aspecto importante, el trabajo del aula gira en torno a la resolución de problemas, sobre todo de los llamados problemas auténticos. Es decir, el propio diseño de las clases se corresponde con lo que es la esencia del trabajo científico: resolver problemas de los que no se conoce la solución. En este contexto se entiende por actividades o problemas auténticos los que están enmarcados en la cultura científica, por oposición a problemas escolares estereotipados que tienen poca relación con ella. Algunas características de los problemas auténticos son:




Contexto

Están contextualizadas en la vida real, en situaciones familiares (lo que no significa necesariamente domésticas, pudiendo ser de otros países conocidas por los medios de comunicación o la red), mejor que en un contexto abstracto. Lo importante es que resulten relevantes para el alumnado, que perciba su utilidad para la vida. Las actividades auténticas no tienen por qué ser verdaderas, aunque en algunos casos se trata de problemas reales.
 





  



Apertura

Son, preferiblemente, problemas abiertos, mal estructurados, como muchos problemas en la vida real, y el proceso de resolución tiene tanta importancia como la solución final. Al ser abiertos generan una variedad de respuestas posibles aún cuando, como ocurre con muchos problemas de ciencias, tengan una sola. La apertura puede ser entendida como variedad de soluciones o productos finales, lo que genera debate entre los estudiantes, favoreciendo la justificación de cada opción, o como diferentes procesos o caminos seguidos para su resolución.




 







Proceso de resolución

Es necesario poner en relación los datos disponibles con las posibles soluciones (o hipótesis de causas); elegir unas o descartar otras en función de los datos y justificaciones aportados, como ocurre en el trabajo científico.




La realidad proporciona continuamente ejemplos que permiten poner en juego en el aula los conocimientos y destrezas que forman parte de la cultura científica. Partiendo de problemas relevantes, que despierten el interés de los estudiantes, es posible activar en el aula comunidades de aprendizaje, verdaderas comunidades de pensamiento. Es un camino hacia una ciudadanía más culta, que pueda tomar decisiones informadas, que tenga la capacidad de criticar las que no se apoyan en criterios científicos

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